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LOS LIGAMENTOS

Los ligamentos unen un hueso con otro. Son los «cables» que mantienen juntas las articulaciones. Forman grupos de cuerdas, cintas o láminas y son extremadamente resistentes. Para hacer su trabajo deben tener un buen grado de elasticidad, el suficiente para mantener una estabilidad articular. Rebasado ese punto se rompen. 

Cuando sufrimos una torcedura (distensión o esguince), se han desgarrado los ligamentos o se han estirado demasiado. Normalmente empieza con movimientos de la articulación en una dirección que no es normal para ella: si se trata del lateral del pie, por ejemplo, puede ser causado porque el lado del tobillo no puede soportar el peso de todo el cuerpo. Un ligamento que se separa del hueso puede incluso requerir tratamiento quirúrgico. Si un ligamento está completamente roto, no puede curarse de ninguna manera. 

LOS TENDONES

La gente tiende a confundir tendones y ligamentos. Los ligamentos insertan el músculo en el hueso mientras que los ligamentos sujetan y estabilizan dos huesos en una articulación. Los tendones están constituidos por fibras muy resistentes. Un extremo del tendón está insertado dentro del hueso mientras que el extremo opuesto se encuentra sujeto al músculo. Los músculos son los responsables del movimiento de los huesos tirando de ellos y relajando la tensión.

Igual que los músculos, los tendones pueden sufrir sobreestiramientos y desgarros, y pueden verse afectados por el ejercicio excesivo o por el uso indebido.

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LOS MÚSCULOS

Los músculos esqueléticos nos permiten movernos. Se encuentran fijados a los huesos, y cuando son estimulados por las señales nerviosas, se contraen causando el movimiento del esqueleto. Son movimientos voluntarios de los músculos, que dependen de nosotros cuando decidimos permanecer de pie, andar o correr y son movimientos involuntarios los que se producen son nuestra intervención, como retirar instintivamente nuestra mano de una llama de fuego.

Generalmente hablando, en la musculatura esquelética existen dos tipos de fibras musculares: las llamadas fibras rápidas y las lentas. Las fibras denominadas lentas controlan los movimientos de larga duración; las fibras rápidas gobiernan los movimientos rápidos.

Durante el ejercicio, las fibras de los músculos se estiran y pueden sufrir roturas microscópicas. Estas roturas fibrilares después de un ejercicio intenso son la razón de diversos dolores musculares. Cuando las fibras son más severamente estiradas o desgarradas, se sufre un sobreestiramiento o un tirón.

CARTÍLAGOS

Cartílago es uno de esos términos generales que se utilizan para varios tipos de tejidos conectivos. Hay tres tipos de cartílagos en el cuerpo, dos de los cuales son importantes para los deportistas de fin de semana.

El cartílago hialino recubre las articulaciones. Las superficies de los huesos que se encuentran en alguna articulación están recubiertas por este tejido, y es el cartílago hialino el que se mueve cuando doblamos una rodilla o flexionamos un brazo.

El fibrocartílago, como el nombre indica, es más fibroso y funciona como eslabón vital en la estructura de la articulación. Normalmente nos referimos a él cuando decimos “Se rompió el cartílago cuando se lesionó la rodilla”.

La estructura interna de las orejas, nariz, tráquea y laringe está compuesta por el tercer tipo de cartílago.

El cartílago ejerce la función de almohadilla que protege a los huesos contra los impactos. También resguarda la articulación del roce entre los huesos que la forman.

HUESOS

Los huesos componen la estructura del cuerpo. Las otras partes del cuerpo están pegadas a los huesos –los órganos que realizan las funciones vitales y los músculos que nos permiten movernos. Lo mismo sucede con nuestra computadora central, el cerebro, que se encuentra encajado entre huesos para su protección.

Los huesos están en gran medida constituidos por calcio y sales de fósforo. Compactos en su parte externa y esponjosos en su interior. Son largos y huecos en piernas y brazos, que es donde se encuentra la médula ósea, el componente vital en la fabricación de las células de la sangre (donde se producen). Aunque pensamos que los huesos son macizos, en realidad contienen miles de canales microscópicos a través de los cuales pasan los vasos sanguíneos y los nervios.

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ÓRGANOS INTERNOS

Los órganos internos del cuerpo, incluido corazón, cerebro, pulmones, aparato digestivo, riñones, bazo y otros, realizan las funciones vitales que nos mantienen con vida.

Con frecuencia asociamos los problemas de los órganos vitales con enfermedades o dolores crónicos. Pero los órganos internos también pueden verse afectados durante una actividad. Un ataque al corazón durante un ejercicio es un ejemplo de ello. Otras lesiones de órganos internos pueden resultar de impactos, como un bazo magullado, y otras causas.

Una alteración de las funciones normales de los órganos internos requiere una seria atención médica. Cualquier síntoma que indique algún problema debe ser considerado seriamente.

Entre estos problemas podrían incluirse, entre otros, la taquicardia o latidos irregulares del corazón; el dolor agudo de pecho acompañado por dolor irradiado bajo el brazo o en la mandíbula; las náuseas prolongadas, los mareos o vómitos; un cambio significativo de la temperatura corporal; sangre en la orina, y alguna disfunción de los procesos normales del cuerpo, relacionados con la respiración, digestión, transpiración, urinación o actividad intestinal. Si sospechamos de algún problema en un órgano interno, se debe visitar a un médico inmediatamente.

Fuente: Guía de lesiones del deportista

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